LA MAQUINA DEL TIEMPO

Queridos lectores, es un placer poder, por fin, subir al blog y compartir con vosotros mi último relato corto: “La máquina del tiempo”.

Y qué mejor momento para hacerlo que en la víspera del recital de relatos cortos incluido dentro del evento del Día del Libro, organizado por el Ayto. de Elche en colaboración con la Asociación Escritores en su Tinta, y que se llevará a cabo durante la mañana del próximo sábado 21 de abril en La Glorieta de Elche (de 11.00 horas a 11.30 horas, aproximadamente).

Sin más preámbulos, os dejo con la atrevida y alocada fantasía de sus palabras… y con el mensaje que encierran.

Un abrazo, lectores.

 

La Máquina del Tiempo

La resignación, eternamente la resignación: siempre la misma ventana, esa que permitía a los fotones solares iluminar cada día mi habitación y que me decía que había todo un universo en movimiento detrás de su cristal; siempre la puerta que me recordaba, al abrirla, que el universo a mi alcance se limitaba cada vez más a una lucha, a veces titánica y a veces exigua, en la que los triunfos y las derrotas para llegar al final de la jornada, rodeado de más villanía que de lealtad, se sucedían sin descanso.

La bendición de sobrevivir a cada jornada, de regresar al hogar con la armadura más vieja y desgastada, primero en la selva laboral y luego en la frenética e imprudente jungla de asfalto, tan vivo como muerto, era insuficiente… Era suficiente para desear un cambio.

Me sentía prisionero de mis dos enfermedades. Quizá ninguna fuera tan terrible como para desear que La Parca extinguiera algunos suplicios, aunque ambas eran tan recurrentes como para reclamar la ayuda de Morfeo en muchas ocasiones.

A medida que los años de convivencia con ambas taras seguían sumándose desde sus fatídicos epicentros temporales, conforme a una cronicidad a veces más tolerada que asumida, el único anhelo que aún conseguía acelerar mi ansiedad transitoria era el deseo de revivir mi pasado… y de cambiarlo.

—¿Y si fuera posible viajar en el tiempo, Alicia?—, le pregunté ilusionado.

—Déjame enseñarte el mundo en mis ojos—, me respondió tomando mi mano.

—Yo no debería estar aquí: no te conozco de nada, Alicia.

—Pues explícame porque me llamas por mi nombre, Lanzarote.

—¿Esto es real, Alicia?

—Tanto como la dimensión en la que está sucediendo. Si quieres más respuestas debes mirar en mis ojos.

—Te siento, Alicia.

—Disfruta del silencio.

—Pero si no has dejado que la música cese desde que apareciste ante mí.

—¿Acaso no te gustan estas canciones?

—Por supuesto que sí. Pero, ¿cómo consigues que sus fragmentos resuenen en mi mente con sólo mencionar sus títulos? ¿Son tus ojos los que me llevan a tantos lugares? ¿Son ellos los que detienen el tiempo cada vez?

—No soy yo sola. Juntos somos invencibles. ¿Aún no te has dado cuenta? Estoy esperando a un héroe. El héroe de leyenda que debe encontrar a su rapsodia bohemia, a su musa.

—¿Quién eres realmente, Alicia? ¿Un genio sin lámpara? ¿Quizá eres una inteligencia artificial? ¿O quizá seas una débil fantasía? ¿Puede ser todo una mentira bien adornada? ¿Por qué no puedo sacarte de mi cabeza? ¿Cómo sabes tanto de mí?

—¿Y por qué no puedo ser tú, Lanzarote? Por si no te has dado cuenta, el tiempo está corriendo fuera de aquí. Puedo sentirlo en el aire de la noche. Por cierto, no puedo estar satisfecha mientras el latido de tu corazón no me conduzca a algún lugar que sólo tú y yo conocemos.

—No te entiendo, Alicia. Tampoco sé por qué no dejas de hacer que mi mente recuerde fugazmente tantas canciones, cada vez que mencionas sus títulos o algunos fragmentos de sus letras.

—La vida consiste en sentirse bien; el máximo tiempo posible. Hay millones de seres como tú que pocas veces consiguen sentirse bien al cabo de un día, y de otro, y otro… Pero todavía es peor para los que rara vez lo han conseguido desde un momento concreto de sus vidas, a veces muy prematuro. Se me ocurren muchas razones que lo podrían explicar: desde enfermedades de diferente índole, crueldad y tratamiento, hasta una amplia gama de traumas, penurias y vejaciones que, de un modo u otro, han sido infligidos por sus semejantes; y no se trata sólo de los seres que lo han cometido, sino de los que lo han permitido directa o indirectamente, acomodados en un sistema socioeconómico y en una vida que alberga la autocomplacencia, la cobardía, la incompetencia, la mediocridad… ¿Hace falta que siga? ¿De verdad quieres ser uno más, o prefieres ser diferente? Parece que el miedo ha conquistado tus ojos…

—Resistirse no sirve para nada, Alicia. No hay elegidos salvadores. Nadie puede cambiar nada en solitario.

—Por supuesto que no, aunque siempre habrá líderes de sus propias vidas, Lanzarote; o al menos, de alguna parte de ellas.

—Tienes razón. Tomar la decisión de ser diferente respecto a algo programado o preestablecido debería ser tan lícito como posible. ¿A quién le importa?

—No olvides que en tu mente nadie puede pararte: sé luchador sin abandonar la humildad y el respeto, sé solidario sin ser el estandarte de la abnegación, sé empático sin dejar que su exceso te consuma, diviértete como si no hubiera mañana, pero hazlo sin abandonar tu consideración hacia tu entorno; y, si puedes, comparte tus mejores y peores momentos con quien realmente te importa. Además, ¿quién ha hablado de levantamiento ni de rebelión todavía?

—No quiero cambiar lo imposible, quiero cambiar mi mundo desde mi pasado. ¿Y si fuera…?

—Lanzarote, debes saber que, igual que nadie te querrá bien si tú no haces lo propio contigo primero, para viajar en el tiempo debes cumplir dos condiciones: quererlo tal y cómo es, y conocerte tal y como eres.

—Estoy preparado para cambiar el pasado, Alicia. Quiero hacerlo.

—Te equivocas, Lanzarote. Lo que realmente quieres es cambiar el futuro y eso siempre empieza por viajar al pasado.

—Dime cómo puedo viajar hacia el pasado, Alicia. ¿Acaso la máquina del tiempo está en tus preciosos ojos de miel en los que sigo perdido desde que apareciste ante mí? ¿O quizá está en las rojizas llamas de tu cabello? ¡En algún lugar de ti debe de estar!

—Sabes la respuesta, aunque no quieras aceptarla. Yo soy tú y tú eres yo. Mis ojos son los tuyos. Mi música es tu vida. Mi mente es la tuya en el Reino de Morfeo: es lo que nos mantiene unidos. Quizá estemos en el tiempo equivocado, quizá pudiste hacer algo para evitar tus enfermedades presentes, pero da igual porque la vida es actitud y porque siempre que despiertes, tú tendrás dentro de ti tu anhelada máquina del tiempo: tus recuerdos… y tu música. Ellos te permitirán cumplir tu deseo de viajar hacia tu pasado, tantas veces como necesites, tantas como quieras. Una vez en él, no olvides llenar tu espíritu de todo lo bueno que hubieras vivido, sin dejar de haber aprendido de todo lo malo. A veces, aunque quizás sea tan solo durante una décima de segundo, necesitarás del recuerdo de ambas partes para seguir consiguiendo el futuro que quieres desde tu presente. Obtén energías de cualquier cosa que te haga feliz, tanto de tu pasado como de tu presente; no las infravalores por muy insignificantes que te parezcan. Pero, sobre todo, no dejes nunca de luchar por tu felicidad. Esto es una escuela de calor. No lo olvides nunca. ¡Cambios, Lanzarote, cambios! ¡Inventa, intenta, crea! ¡Sufre y disfruta del presente!

—Alicia…

—¡Vamos, ten fé! ¡Dí, dí, dí! ¡Dímelo, Lanzarote!

—Si yo soy la máquina del tiempo, tú eres mi fábrica de sueños. Cuando esté despierto y lo necesite viajaré por el pasado; pero, mientras no lo esté, quiero que viajemos siempre juntos… con música.

—Nuestra será esta nueva sensación, Lanzarote. Nuestra será la aventura en una vida, nuestra lucha de gigantes, nuestro rompeolas.

—Te echaré de menos cuando no esté en el Reino de Morfeo.

—Entonces, te enseñaré a soñar despierto. Nunca habrá despedida.

—Llévame muy lejos, Alicia.

—¿Llevas las semillas del amor contigo?

—Siempre. Algo tan hermoso no puede quemar.

—Entonces grita conmigo: ¡Es ahora o nunca!

—¡No puedo parar lo que hemos empezado, Alicia! ¡Mira como floto, mira como vuelo!

—¡Es pura musicología, Lanzarote!

—¡Es ahora o nunca, Alicia!

 

 

 

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